martes, 24 de marzo de 2015


¿Conoces los beneficios y un poco de la historia de nuestra fruta insignia, el durazno ?


Bajo la piel aterciopelada de esta dulce fruta sensual, delicada y sabrosa, se esconde un verdadero tesoro para la salud de las células. Posee tres vitaminas antioxidantes: A, C y E, que ayudan a evitar el envejecimiento precoz y la degeneración de los tejidos, a reforzar las defensas orgánicas del sistema inmunológico, y a vivir más años y mejor.
El melocotón es un fruto de olor agradable, esférico, de seis a ocho centímetros de diámetro. Tiene un surco profundo que ocupa media circunferencia. Su piel es delgada, vellosa, de color amarillo con manchas encarnadas. Su capa media o pulpa es amarillenta, de sabor agradable y está adherida a un hueso pardo, duro y rugoso, que encierra una almendra muy amarga.

Lo que no es muy conocido es que esta fruta no sólo sirve para elaborar jugos, postres o mermeladas, sino que también posee virtudes terapéuticas y protectoras conocidas hace siglos.
Por algo el sabroso melocotón fue adoptado como símbolo de la longevidad y la inmortalidad por la filosofía taoísta, en China, de donde procede originalmente este árbol. Aunque en tiempo de los antiguos romanos fuera importado desde Persia.
De hecho aparece reflejada en importantes obras de arte como Reunión elegante en el jardín de los melocotoneros, una pintura de Xie Huang, Dinastía Ming (1588-1644) que se exhibe en el Museo Metropolitano de Nueva York, en Estados Unidos.
Tan antiguas como sus cualidades culinarias y saludables, son ciertas curiosidades respecto de las denominaciones populares de este fruto, tanto en Europa como en América.
La palabra “melocotón” proviene del latín “malum cotoneum”, que en realidad significaba “membrillo”. Al parecer esto se debe a que las variedades más resistentes a las plagas se obtenían injertando el melocotonero en un membrillo.

Sabroso, suave, saludable…
Por su parte, el término “durazno”, con el que se conoce al melocotón en América Latina, no tiene un origen americano como pudiera pensarse, sino latino, y —según algunas fuentes— la palabra durazno incluso aparece documentada en el idioma castellano antes que “melocotón”, aunque después predominó en el español europeo.
Aunque puede haber controversias respecto de su nombre, lo que sí está claro son las cualidades saludables de esta deliciosa fruta, que entre otras cosas es diurética y laxante.
Sus vitaminas A, C y E contrarrestan la perjudicial acción en las células de unas moléculas oxidantes denominadas “radicales libres”, ayudando a evitar enfermedades degenerativas como el cáncer, Alzheimer o cataratas, así como el envejecimiento precoz del organismo.
Estas vitaminas también ayudan a mantener en buen funcionamiento el sistema inmunológico, aumentando su actividad para combatir las infecciones y las enfermedades.

El melocotón es rico en minerales como el potasio, que regula la tensión arterial; fósforo, fundamental para el sistema nervioso y el cerebro, y también en magnesio, que contribuye a prevenir los estados de cansancio, ansiedad y estrés.
Éstas son otras de sus virtudes y formas de aprovecharlo mejor:
  1.  Ayuda a la digestión: esta fruta es fácil de digerir, es poco “pesada” para el estómago, y ayuda al hígado a realizar los procesos digestivos porque aumenta la producción de bilis y la digestión de las grasas.
  2.  Aliado de las vías urinarias: si sufre cálculos de riñón o vesícula, conviene tomar el melocotón en forma de jugo porque favorece la disolución de las llamadas “piedras renales”. Lo ideal es mezclarlo, con un poco de miel.
  3. n Beneficia la actividad intestinal: el melocotón aporta una reducida cantidad de azúcar, por lo que pueden consumirlo los diabéticos —siempre bajo control médico y dentro de una dieta equilibrada— y gracias a su elevado contenido en fibra vegetal, resulta muy aconsejable para combatir el estreñimiento.
  4.  A la hora de comprarlos…: elige los melocotones con la piel lisa, sin manchas y de tacto blando pero consistente. Su aroma debe ser suave y a la vez afrutado. Un truco para averiguar si están maduros consiste en comprobar la consistencia del pedúnculo: si cede al tirar de éste, significa que la fruta “está en su punto” para ser consumida. Esta fruta alcanza su máxima calidad cuando el verano se encuentra ya avanzado.


domingo, 22 de marzo de 2015



¡Conoce un poco de nuestra historia ! ‪#‎FrutoDelEsfuerzo‬
En 1843 cuando partió del puerto francés de Le Havre el buque "Clemence" viajaron los primeros colonos que fundaran la Colonia Tovar, hasta entonces no se tenía si quiera pensado la fundación de El Jarillo. No es sino hasta el año 1851 que llega la segunda emigración de alemanes conformada por 90 nuevos colonos entre ellos la familia de Andreas Breindenbach conformada por 11 miembros provenientes de Erfurtshausen (Hessen) entre los cuales se encontraban dos de sus hijos Emilio y Gregorio Breindenbach.
Ya por el año 1890 los hermanos deciden radicarse aparte viendo que estas tierras poseían las condiciones perfectas para las labores agrícolas, se establecen para dar lugar a una pujante y próspera comunidad de descendientes alemanes que cultivan estas tierras de donde brotan las más dulces, además de jugosas frutas y que hoy conocemos como El Jarillo. Su nombre se deriva de una planta existente en la zona que curiosamente tiene un parecido con el árbol del durazno.
Es importante mencionar a la llamada "casa de tejas", donde vivieron los primeros alemanes llegados a El Jarillo y tuvieron lugar las primeras plantaciones de durazno. Al principio no se le prestaba la menor atención a esta fruta, solo se tenían algunos árboles para el consumo de los lugareños y de quienes al pasar se deleitaban con éstas. Luego se dieron cuenta que si se aplicaban ciertas técnicas de cultivo -ya que se trata de una planta de 4 estaciones- podría dar resultado si se cultivaba en masa. Así fue creciendo el cultivo del durazno hasta hacerse responsable del progreso económico de la mayoría de los pobladores de la región.